En el periodismo, donde la credibilidad es el mayor capital, copiar el trabajo ajeno es más que una falta ética: es un atentado contra la esencia misma de la profesión. No hay excusa válida ni justificación posible para el plagio. Copiar el esfuerzo intelectual y creativo de otro colega es robarle tiempo, talento y verdad.
Lamentablemente, en los últimos tiempos se ha vuelto común esta mala práctica ver cómo algunos “profesionales”o quienes dicen serlo se apropian de notas, reportajes o fotografías sin otorgar el más mínimo crédito. Lo hacen con descaro, sin respeto por la autoría ni por el principio básico de honestidad que debe regir cada palabra publicada.
El periodismo no se mide por la rapidez con que se publique una noticia, sino por la ética con que se ejerce. Copiar es fácil; investigar, redactar, contrastar fuentes y construir una historia con rigor y sensibilidad, no lo es. Cada pieza periodística requiere horas de trabajo, esfuerzo de campo y, sobre todo, compromiso con la verdad.
A los “copiadores” habría que recordarles que no se hace carrera robando el trabajo ajeno, sino construyendo la propia voz, con disciplina, formación y respeto por la labor de los demás. El buen periodista se reconoce por su autenticidad, por su capacidad de contar con honestidad y por el valor de firmar solo aquello que verdaderamente le pertenece.
La ética no es una opción, es un principio que sostiene la credibilidad de todo medio y de cada periodista. Y cuando se vulnera, no solo se daña al autor original, sino también al público, que confía en que lo que lee, escucha o ve, tiene detrás un trabajo honesto.
Ser periodista implica responsabilidad, coherencia y humildad. Quien copia, se engaña a sí mismo y renuncia al privilegio de ser un contador legítimo de la realidad. La autenticidad, en cambio, deja huellas que el tiempo nunca borra.
¡Con el mismo afecto de siempre!
Fuente: El plagio: una falta que hiere la esencia del periodismo



