La escritora dominicana Soledad Álvarez fue galardonada este miércoles con el Premio Nacional de Literatura 2022, el reconocimiento literario más importante que se otorga a un escritor o escritora en República Dominicana, sin embargo, cuántos ciudadanos de este país, ajenos al oficio literario, conocen de la vida y obra de esta poeta que ya habría alcanzado el cenit en su carrera.
Soledad Álvarez nació en Santo Domingo en 1950. Desde muy joven manifestó su inclinación por las letras y se le inscribe dentro del grupo o generación poética de postguerra en República Dominicana. Algunos de los poetas con los que compartió el escenario literario de los años posteriores a la Revolución de Abril de 1965, son los fenecidos Alexis Gómez Rosa, Enrique Eusebio y Enriquillo Sánchez, así como con Mateo Morrison, Tony Raful y Andrés L. Mateo, entre otros, con algunos de los cuales formó el grupo cultural denominado La Antorcha.
A este grupo la periodista francesa Marianne de Tolentino lo denominó «Joven poesía dominicana».
A finales de la década de 1960 Álvarez hizo sus primeras publicaciones literarias en el periódico El Caribe. Luego continuó publicando en el periódico El Nacional donde escribía una columna de comentarios y crítica literaria llamada «Soledad Álvarez escribe A.M.». En esos años dio a conocer sus poemas «Si nacieras llamándote Luis Pérez» y «Rituales», posteriormente antologados.
En el año 1975 viaja hacia La Habana, Cuba, donde se gradúa de una maestría en literatura hispanoamericana con una tesis sobre Henríquez Ureña. En ese país también trabajó en el Centro de Investigaciones Literarias (CIL) de la Casa de las Américas, en cuya revista publicó textos de crítica literaria.
A su regreso a República Dominicana Álvarez trabajó junto a Manuel Rueda en el suplemento cultural Isla Abierta.
También como ayudante del Ggobernador del Banco Central para el Plan de Extensión Cultural de esa institución, donde formó parte de la Directiva de la Asociación de Críticos Literarios.
En 1980 Soledad Álvarez obtuvo el Premio Siboney de Ensayo con su libro «La magna patria de Pedro Henríquez Ureña».
Mientras que de la poesía publicada por Soledad, se conocen dos poemarios: «Vuelo posible» (1994) y «Las estaciones íntimas» (2006).
También publicó los ensayos «De tierra morena vengo» (1986) y «Ponencias del Congreso Crítico de Literatura Dominicana» (1994).
Otras obras suyas incluyen: El Debate sobre las generaciones (Santo Domingo: Fundación Cultural Dominicana, 1991) y Complicidades (Santo Domingo: Fundación Cultural Dominicana / Taller, 1998).
Poema de Soledad Álvarez:
Si nacieras llamándote Luis Pérez
Si nacieras llamándote Luis Pérez
despertarías a las seis de la mañana
preguntando qué día es y poniendo las noticias radiales,
bostezarías
embutiendo rápidamente la mañana
(nada de recuerdos sobre la noche anterior)
arrojarías las sábanas
pasarías al baño, al aseo diario
meticuloso
del hombre de negocios que se afeita para evitar
comentarios
nada exótico
huevos y pan al desayuno
te alejarías dando un beso leve a tu mujer
(ruido permanente zumbando en tus oídos)
ajustarías las gafas para hacerte el distraído
ante el empuje del sol y del humo impaciente del asfalto.
Nada de amantes (siempre estás muy ocupado)
ni de preocupaciones sobre países lejanos
tal vez te asombrarías del motín en el Altar de la Patria,
de protestas y gritos rompiendo la ruta cotidiana
y naturalmente darías la vuelta para evitar
complicaciones.
Sereno
inalterable
Luis Pérez
te sentirías asombrado de que aún existan hombres
que se emborrachan por una mujer
que se esconden de la policía por una bomba puesta
la noche anterior
te asombrarías del tipo largo que pasa diariamente
por la oficina vendiendo cuartillas llenas de
palabras incomprensibles…
“este mundo está perdido” pensarías
cuando de regreso, observas la muchacha que se tira
en brazos de un desconocido y desaparece en el parque.
Serías así
y entonces no le hablarías a los peces
no te aturdirías bajo la alegría
ni gritarías con voz templada por el nacimiento
de la espiga.
No estaría yo a tu lado para ver la muerte de las olas
y el comienzo de la palabra
para viajar sobre la tristeza al centro de los árboles.
No estaría mi pelo naciendo sobre tu frente
para terminar las lágrimas.
Todo esto te sucedería si decidieras ahogarte bajo
las horas y mezclarte a lo cotidiano
al sudor
la indiferencia
al equilibrio exacto
si decidieras meter los sueños en tu bolsillo
y nacer de nuevo para llamarte Luis Pérez.



