El reporte señala que el aumento de turbidez puede hacer necesario aplicar más cloro durante el tratamiento. Ese ajuste puede dejar un sabor u olor más intenso en el agua del grifo, sin que eso signifique por sí solo que el suministro no sea potable.

Raúl González, de Tappwater, explicó que la escorrentía desplaza barro, sedimentos y materia orgánica. También advirtió que, antes de completar el tratamiento, el agua puede contener bacterias; esa descripción corresponde al posible riesgo en esa etapa del proceso.

González llamó «hipercloración» al refuerzo de cloro ante los picos de turbidez. Además, mencionó los filtros domésticos como una forma de reducir el regusto, una recomendación que procede de un representante de una empresa de filtrado.

Con información de Infobae América.