Un estudio de 2008 con más de 1.200 personas encontró que el efecto promedio del tiempo sobre el estado de ánimo era pequeño, pero variaba entre individuos. Otra investigación identificó perfiles de adolescentes y madres que se sentían más felices con lluvia, menos sol y temperaturas más bajas.
La explicación se relaciona con la Teoría de la Restauración de la Atención, formulada por Stephen Kaplan en 1955. Esta propone que estímulos naturales tenues, como el sonido del agua, pueden captar la atención sin exigir esfuerzo y permitir que la mente divague.
Investigaciones sobre sonidos naturales observaron actividad del sistema nervioso parasimpático, asociado al descanso, y una recuperación ligeramente más rápida de un indicador de estrés. Sin embargo, la evidencia citada no muestra que la lluvia reduzca el cortisol.
La falta de luz solar también se asoció con mayor cansancio, por lo que disfrutar de la lluvia no implica necesariamente una relajación profunda.
Con información de Xataka.

