En el experimento, 189 participantes interactuaron con un chatbot, un robot de escritorio y uno de dos avatares humanos llamados Johan y Johanna. Los asistentes utilizaban el mismo modelo, GPT-4 de OpenAI.
Tras las tareas, cada persona podía asignar hasta cuatro francos suizos como recompensa. Johanna recibió un 10 % menos que Johan, pese a que no hubo diferencias estadísticamente significativas en la valoración de sus aportes. La brecha fue más marcada entre los participantes masculinos.
Los avatares humanos también generaron más confianza y recibieron mayores recompensas que el robot. Los resultados no permiten atribuir la diferencia únicamente al género, pero sugieren que la apariencia de un asistente puede influir en cómo se evalúa su trabajo.
Con información de Xataka.

