El Congreso aprobó en 1845 una ley que unificó la fecha de las elecciones presidenciales y luego extendió la regla a las legislativas. Antes, cada territorio podía organizar la votación dentro de un período de 34 días, lo que permitía que los resultados iniciales influyeran en quienes aún no acudían a las urnas.

Noviembre ofrecía una pausa entre la recolección y los meses más fríos. El martes daba tiempo a quienes vivían lejos de los centros de votación para viajar; el domingo se reservaba para la iglesia y el descanso, y el miércoles solía ser día de mercado agrícola.

La fórmula también evita que los comicios coincidan con el 1 de noviembre, descrito como una jornada laboral especial para comerciantes y contables.

La tradición continúa, aunque el día de las elecciones no es festivo. El voto anticipado y por correo permiten participar sin esperar a la jornada electoral.

Contexto: Información anterior sobre este tema.

Fuentes: Noticias SIN, El Nacional.